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Eternamente Soltera, Contrató a un Acompañante Para un Evento del Trabajo. Esto fue lo que sucedió…
Escrito por Alejandro Pacheco - © Todos los derechos reservados, prohíbida su copia
Su nombre es Elena. 34 años de edad y… Forever Alone
  
Ahora… sé lo que estás pensando: Esta chica Elena seguramente:

A) Anda en las drogas 
B) Está más fea que el páncreas de una cabra
C) Es la mujer más desesperada de toda la ciudad. 

Pero no, Elena no es ninguna de esas cosas. La respuesta correcta es 

D) Está cansada.

Cuando tenía 18 años de edad, sus padres originarios Macuspana, una población pequeñita en el Estado de Tabasco, la enviaron a estudiar a la Ciudad de México para darle las oportunidades que ellos mismos no tuvieron. Elena es ahora una mujer independiente que trabaja para una compañía Global de Tecnología. Su departamento en la Colonia Nápoles tiene una vista espectacular del World Trade Center. Max, su perro Pastor Alemán, es y ha sido desde siempre, el único acompañante en su vida. 

La mayor parte del tiempo, se siente orgullosa de ser una mujer independiente y la primera integrante de su familia en haber salido de su pueblo natal para ir a vivir a una gran ciudad. Pero hay días en los que tiende a agrietarse ante presión insalvable de “tener” que estar en una relación.

Elena está a punto de convertirse en una mujer soltera de 35 años, y no es sólo su reloj biológico quién la está presionando, también es su familia. En su pueblo natal, si no estás casada y eres madre antes de los 30 años, algo anda mal contigo. Y si no estás buscando una pareja, tus padres se encargarán de buscarla por ti.

Pero Elena esta soltera, con un buen empleo y… he mencionado antes soltera? Así que cuando su jefe del trabajo, la invitó a su fiesta de cumpleaños, dudó al principio, sabiendo que estaría principalmente entre parejas felices. Ella realmente no quería estar sola frente a sus compañeros de trabajo. Quería ir acompañada, pero como siempre, no había nadie a la vista. Los únicos amigos hombres que tiene son gays o heterosexuales ocupados.

Luego tuvo un golpe de genialidad: Contratar a alguien para hacerse pasar por su novio y disfrutar de una gran noche entre parejas como la “gente normal.”

Cansada de escuchar siempre la misma pregunta, “Si estás guapa y eres inteligente, ¿por qué no tienes novio?” Nuestra sociedad está acostumbrada a preguntar a las mujeres este tipo de cosas sin detenerse a considerar antes, que tener que contestar la misma pregunta 100 veces, puede llegar a ser incómodo para algunas.

Bueno pues, que se joda la sociedad. Elena quería cambiar las reglas. Llegó a un punto en el que estaba tan aburrida de su inexistente vida amorosa que estaba dispuesta a intentar cualquier cosa. Podría haberse metido a un sitio de citas por Internet. Podría haberse conseguido a alguien en un bar. Incluso podría haber pedido a su amigo gay que la acompañara y se comportara como heterosexual por esa noche. Pero esas opciones no le habían funcionado en el pasado y eran demasiado fáciles.

Y bien. Por una módica cantidad, buscó en twitter a un caballero que trabajaba bailando en despedidas de solteras, de aquellas afortunadas mujeres a punto de casarse. Pero si Elena iba a hacer esta locura, iba a hacerla bien. Así que eligió al que a su juicio parecia el prototipo del novio perfecto. Sí, leíste bien. Alquiló un caballero.

Su nombre era Andrés. De más joven había sido modelo de ropa de catálogo. Era más alto que ella, y tenía los brazos de un campeón olímpico de natación. Olía rico. No había duda, el tipo era apuesto. Quizá más de la cuenta; ya que Elena quería a alguien lo suficientemente apuesto para inducir envidia, pero lo suficientemente normal como para no levantar sospechas.

Se quedaron de ver unas cuadras antes del restaurante, lo cual dio a Elena apenas un minuto para contarle sobre su vida.

“Eres dulce” le dijo Andrés. “No tendrías por qué hacer esto.”

“Yo no tengo que,” contestó Elena. “Más bien quiero hacerlo.”

Llegaron a la puerta principal del restaurante, donde su jefe y sus amigos ya estaban esperando entrar. Elena se acercó y presentó a su novio. Andrés y su jefe se estrecharon la mano.

“Ves ese tipo de allá?” Le susurró Elena a Andrés, señalando a un amigo del trabajo. “Ha estado coqueteando conmigo desde siempre, pero me queda claro que jamás se atreverá a proponerme algo”

“OK, entiendo” contestó Andrés. Y comenzó a masajear su cuello y a llamarla “baby” con una voz fuerte, cálida y lo suficientemente alta para que todos escucharan. Elena ríe de nervios. Ni siquiera tuvo que mirar al amigo del trabajo para darse cuenta que estaba celoso; Elena sentía una ola de calor por todo su cuerpo provocada por las manos de Andrés. Sabía que era una infantil por montar una escena como esa, pero también sabía que era muy brillante.

Después de tomar sus asientos en la mesa, un flujo de adrenalina comenzó a fluir en el cuerpo de Elena. Recorrió el restaurante con la mirada, en busca de pistas que podrían haber amenazado su credibilidad. Una risita por ahí, tal vez una mirada extraña por allá. No había ninguno. Entonces se dio cuenta de algo, su plan estaba funcionando.

Andrés se estaba portando como un caballero, con toda la extensión de la palabra (tal vez porque Elena le estaba pagando para serlo). Le ayudó a quitarse el abrigo, acomodó su silla, la tomó de la mano y de sus muslos de vez en cuando. Ella no sabía si Andrés era realmente un buen tipo o simplemente era un gran actor, pero aun así, estaba siendo tratada como una dama.

Nunca había salido con tipo como él, y encontró la falta de complicación en su vida, como intrigante. Su confesión de que quería casarse algún día, mientras estaban sentados entre Godinez con miedo al compromiso, hizo sentir a Elena, energizada y con esperanza. No supo si fue el alcohol o el hecho de que él estaba siendo un caballero, pero se enamoró por esa noche. Más adelante, la cosa se sentía tan natural que se le llegó a olvidar por completo que había contratado a alguien para fingir que la quería.

Elena se sentía embriagada de 3 copas de vino y de felicidad. Era la envidia de todos en el restaurante. Andrés era un hombre con el que a cualquiera de las mujeres les gustaría estar, y a cualquier hombre le gustaría ser su amigo. En algún momento de la noche, su jefe la llevó a una orilla y le dijo. “Estoy contento por ti” “Finalmente encontraste a alguien que te merece.”

¡Bingo! Ahí estaba: la validación que Elena siempre había anhelado. Fue música para sus oídos. Era una especie de aceptación que nunca había sentido antes, y aunque sabría que sólo sería por aquella única ocasión, eso no afectó su satisfacción.

La feliz pareja se despidió de los amigos y salieron de lugar tomados de la mano. Andrés entrelazó sus dedos en los de ella. Y eso la hizo sentir muy bien. Y aunque ella no miró hacia atrás, sabía que todos la observaban al salir.

Al alejarse del lugar, llegó la hora de la despedida. “Entonces… ¿Quieres venir a mi departamento? Sólo tomaremos una copa en la terraza “, preguntó Andrés.
Por un segundo, Elena lo consideró. Es decir, ya tenía unas copas encima, y él era un caballero. Pero algo le dijo que si se iba a casa con él, no se lo perdonaría por el resto de su vida.

"Con todo respeto, no puedo".

“Oh, qué lástima” continuó Andrés. “Esto está fuera del trato y no te tenías que preocupar por horas extras”

Elena tuvo una noche fantástica. Buena comida, había engañado un grupo de 16 personas y supo que su corazón era resistente, incluso después de soportar la angustia insoportable de ser descubierta.

Ahora, una semana después, Elena se encuentra extrañando la idea de un hombre como compañía, más que al hombre en sí. Ya sabes, esas pequeñas cosas, la llama “baby”, comían del mismo plato, la tomaba de la mano.

¿Para Elena había valido la pena la simulación por una noche? Puedes apostar. ¿Alguna vez lo volvería a hacer? Probablemente nunca.

… Por otra parte, ella es de las que piensa que nunca debes decir “nunca”.

Estamos juntos en esto... Abrazo
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Acerca de mi: 
Alejandro Pacheco

Alejandro es un autor y entusiasta de la vida. Ha escrito libros propios y para políticos, coaches y líderes de varias industrias.Su libro más reciente "La Vida Pasa Rápido" se acerca a las 5,000 copias vendidas.    
Sabe que es raro escribir esta micro biografía en tercera persona, pero reconoce que se escucha un poco más épico. 
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