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Truco emocional para blindar tu autoestima ante el rechazo
Escrito por Alejandro Pacheco - © Todos los derechos reservados, prohíbida su copia
Cuando llego al área de seguridad del aeropuerto y estoy a punto de quitarme los zapatos para cruzar el arco de seguridad, ha llegado mi momento de brillar. Lo tengo todo optimizado.

El primer compartimento de mi back pack es para mi computadora, el que sigue es para mí lector de libros y el último es para los cables que se encuentran perfectamente doblados en un porta-cables. El cierre que está hasta el frente es para llaves y teléfono. Pasaporte, cartera y pases de abordar los guardo en una bolsa de terciopelo. Viajo con un cinturón de tela para no tener que quitármelo y tenis de colores porque son más fáciles de identificar. Con máximo tres movimientos pongo todas mis pertenencias en dos charolas y estoy listo.

Imagínate cómo me pongo cuando la persona que está adelante de mí, no se organiza y necesita cinco charolas para acomodar sus cosas, incluso hay quienes necesitan más. Cuando veo a alguien así, pienso que si está hecho un lío para acomodar sus cosas en cinco charolas, cómo será para acomodar las cosas en su vida. Sin embargo, cuando miro a mi alrededor y veo que la mayoría hace lo mismo, empiezo a preguntarme si es que más bien soy yo el que tiene algún problema.

El ciclo comienza de nuevo en el avión. Cuando delante de mi, una señora de unos ochenta años camina lentamente por el pasillo buscando su número de asiento. Lo hace deteniéndose por todas las filas, como si estuviera leyendo la descripción de un cuadro de Picasso en el museo, obstruyendo el paso a 150 personas que venimos detrás.

 “Oh, creo que estoooy en el asientooo dieciséis F? O será dieciséis E? Ay no sé, siempre me pasa lo mismo, jajaja.” 

Respiro profundo. Tengo cierta ansiedad cuando siento que me están echando a perder algo que me ha costado tanto trabajo perfeccionar. Aunque hoy veo las cosas de forma diferente, tengo que reconocer que casi toda mi vida me ha gustado tener el control, como si existiera un proceso de re-ingeniería en mi cabeza donde todo tenía que ser perfeccionado, sólo porque me molestaba vivir mis propias ineficiencias. 

Una pregunta era permanente para mí:

¿Cómo puedo mejorar absolutamente todo lo que hago, cuando lo hago por segunda vez?

La señora finalmente encuentra su lugar en el avión, me quedo observándola por unos segundos y ¿sabes lo que me dice? “Siempre me cuestan trabajo estas cosas porque no se leer, pero después de todo uno siempre encuentra su lugar tanto en los aviones como en la vida; entonces pa´que preocuparnos si al final todo va a estar bien”

La escucho y me quedo pensando en sus palabras durante casi todo el vuelo. Aquella mujer de ochenta años que no sabía leer, había conseguido exactamente el mismo resultado que yo. Es decir, había cruzado el arco de seguridad y había llegado a su asiento en el avión. Sólo que ella lo hizo a su manera, y sin preocuparse por perfeccionar su técnica de ingreso a los aviones. Lo hizo de la manera más imperfecta quizá, (imperfecta para mi) pero de una forma muy relajada y con un brillo enorme en sus ojos. Y seguramente para una tarea sin relevancia como la de subirse al avión, ésa es la forma más eficiente de hacerlo; y no como yo estaba acostumbrado.

Después de ese episodio, una epifanía me quita una venda de los ojos y me pongo a analizar diversas conclusiones. Primero, que hay miles de formas mucho más eficientes de hacer las cosas y que no todo tiene que ser a mi manera. Segundo, que estaba enfocado en perfeccionar demasiadas cosas que agregan poco o nulo valor a mi vida. Tercero, que esa necesidad de querer mejorar siempre cualquier cosa, es una trampa del ego y un callejón sin salida. Porque es física y estadísticamente improbable ser absolutamente bueno en todo. Además de que es extenuante, es la gran ironía sobre la ambición, nunca serás tan bueno porque siempre habrá alguien mejor que tú.

Para ser excepcionalmente bueno en algo tienes que dedicar mucho tiempo y energía, y como ambos son recursos muy limitados, pocas personas se convierten realmente excepcionales en más de una cosa, y de hecho en muchos casos, la mayoría no es bueno en nada. Es decir, que todos somos bastante malos o bastante promedio, casi para todo y esto está perfectamente bien. Puedes ser una atleta excepcional pero quizá no te ha ido bien en tus relaciones. Puedes ser buena haciendo dinero, pero quizá eres indisciplinada para cuidar tu salud. Puedes ser buena cocinando, pero quizá no tienes habilidad para escalar montañas, y así la lista sigue y sigue.

Cuando lo tuve claro renuncié a la trampa del perfeccionismo y ahora dedico mi tiempo y mi energía a perfeccionar únicamente tres prioridades en mi vida; Mi salud física, mis relaciones y mis finanzas. No más. Y todo lo que hago realmente con entrega absoluta tiene que ver con estas tres cosas.

Mi consejo es que definas esa prioridad para ti, y te entregues completamente a ella. No más de tres cosas, de preferencia una. Recuerda que sólo se puede ser excepcionalmente bueno en poquitas cosas, así que asegúrate en elegir correctamente tu prioridad. Ya sea dando clases, o vendiendo, o educando a tus hijos, o hablando en público, o haciendo postres, en fin, en lo que sea que llene tu vida. Despreocúpate y prepárate para ser imperfecta en todo lo demás.

El haberme liberado del estrés de querer perfeccionar cosas que no agregan valor, me ha permitido ver mi mundo desde una perspectiva menos paranoica y más saludable. De mirar mis prioridades de forma consciente como si se tratase de las experiencias más básicas de la vida; tan básico como trabajar en un proyecto que amo, comer de forma sana pero que me encante, hacer un viaje que me erice la piel, leer un libro exquisito y reír hasta cansarme con quien realmente me importa.

Esa son las experiencias que vale la pena perfeccionar, a cambio de ser malo en casi todo lo demás. ¿Por qué a quién coño le importa ser bueno en subirse correctamente a un 
avión?

Estamos juntos en esto... Abrazo
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Acerca de mi: 
Alejandro Pacheco

Alejandro es un autor y entusiasta de la vida. Ha escrito libros propios y para políticos, coaches y líderes de varias industrias.Su libro más reciente "La Vida Pasa Rápido" se acerca a las 5,000 copias vendidas.    
Sabe que es raro escribir esta micro biografía en tercera persona, pero reconoce que se escucha un poco más épico. 
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