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Lecciones de  un Atuosaboteador Crónico
Escrito por Alejandro Pacheco - © Todos los derechos reservados, prohíbida su copia
HACER LO MISMO UNA Y OTRA VEZ ESPERANDO RESULTADOS DIFERENTES, NO ES SÓLO UNA DEFINICIÓN DE LOCURA, ES EL SÍNTOMA DE UN PROBLEMA MUCHO MÁS PROFUNDO… 

Abrí el ojo derecho primero, luego el izquierdo. Ambos con mucho esfuerzo… me sentía desorientado. La luz era tenue, pero en el estado en el que me encontraba, para mí era muy intensa. Sentía que mi cabeza iba a explotar, tenía la boca seca y el estómago revuelto. 

 Apenas si podía moverme, pero aún así, me cambié y me fui directo a la marina. Maldita sea, nada me iba a impedir tomar mi certificación de buceo que me había costado 
$500 dólares. 

Nada. Ni si quiera yo. 

 Esa mañana del 2012, tenía 11 kilos de sobre peso y después de mi separación me dio por agarrar "la fiesta", como decimos en mi país. Y no es haya algo de malo con eso, para nada, el problema en realidad, es que la fiesta se me daba tres veces por semana... 
 
 Pero en ese viaje a Cancún, decidí que iba a hacer algo transformador, algo significativo, algo saludable, algo relevante para cambiar ese momento incómodo de mi vida. 

 Así es como luciría: 

  Iba a correr todas las mañanas sobre la playa. Iba a comer sano. No iba a beber una sola gota de alcohol.  No iba a ligar con nadie.  Y para tener un pretexto para empezar a perder peso, iba tomar una certificación de buceo. 

 Regresando sería una persona más esbelta, más sana, con menos alcohol en las venas y con un nuevo pasatiempo: Sería un buzo certificado. 

 De repente, ahí estaba yo, haciendo cosas completamente diferentes. 

“Let´s do this, será solo una y una no es ninguna”, me dije a mi mismo esa noche.
Tomé las llaves del coche que había rentado y me dirigí a la zona de bares frente al Cocobongo. 

Sabía que tenía que estar en la marina las 6 a.m. la mañana siguiente, así que me prometí tomar solo un par de cervezas y regresar temprano al hotel para tener una buena noche de sueño profundo y relajado. 

Cuando me di cuenta, estaba bailando “Jump Around” de "House of Pain" con una gringa más feliz que yo. Ella bailaba sobre la mesa y yo en el piso “como la gente decente". 

 Oh cielos, siendo honesto, me importaba solo disfrutar ese momento y todo lo demás no me importaba una mierda. Auto-sabotaje: es como lo llamo ahora.

 Llegué a mi habitación justo después de las 4 a.m. más prendido que un puro cubano. Mi certificación de buceo era en 2 horas, tiempo suficiente para bañarme e incluso para tener una breve sies….

 En ese momento "me morí", no literalmente claro, pero me quedé dormido en un instante. Con la camisa puesta, una pierna dentro de los jeans y la otra afuera. 

Una hora y media más tarde, la alarma sonó y gracias a un milagro la escuché…

 Me levanté como pude,  sentía los ojos arenoso, no recuerdo cómo es que pude llegar hasta la marina. 

Esa mañana, estaba nublado y hacía mucho viento. El agua se veía agitada y un poco fría. En el momento que subimos a la lancha, mi cabeza daba vueltas y se me revolvió el estómago cuando me puse el equipo.

 El instructor era muy alegre y demasiado bromista, cuando me vio, me dijo "Ah, buena fiesta anoche". Luego me hizo burla por cómo se me veían las aletas puestas. 

La lancha estaba balanceándose, meciéndose, y el alcohol en mi estómago, también. 

Me agarré con fuerza del tubo de la escalera y bajé la mirada hacia mis estúpidas aletas. “No me siento bien ¿Qué pasa si vomito? Espera, ¿y si vomito debajo del agua?” me preguntaba.

 ¿Qué pasa si vomito bajo el agua? Le pregunté al guía y sonreí. El se puso serio y me contestó. "Espera, ¿te sientes mal? No puedes bucear así".

 En ese momento hice lo que cualquier persona razonable haría: pensar en mi depósito no reembolsable de $500 dólares y decir… “No, no, para nada, estoy bien, me siento bien” .

Me metí el respirador en la boca y me tiré al agua. Apenas podía ver a través del visor y hacía todo lo posible para no desmayarme, vomitar o ahogarme. O las tres cosas.

“He salido de otras peores” me decía a mí mismo para darme ánimos.

 Finalmente, toqué fondo. El fondo del mar. Me arrodillé en la arena del suelo oceánico, tratando de estabilizar mi dolor de cabeza y mi mareo. Debí haberme visto bastante mal porque el instructor se acercó de inmediato y me preguntó en lenguaje de buceo con señas, si estaba bien.

 Fue entonces cuando comencé a desmayarme, sentí que iba a vomitar, sentí que iba a morir ahogado e intenté salir hacia la superficie a toda velocidad. Ya no podía respirar ni con el oxígeno. Los otros buceadores me miraban horrorizados mientras me dirigía hacia arriba, pensé que no llegaba, de verdad no podía más, me faltaba el aire y el mareo era intenso.

 Alcancé a salir y me recargué en la cubierta de la lancha, casi me ahogo con mi propia tos, no podía parar de toser, estaba pálido. Pero no morí.

 Si piensas que esta experiencia fue una llamada de atención para mí. Si piensas que me inspiró echar un vistazo a darme cuenta cómo estaba viviendo mi vida.
Si piensas que me di cuenta de que tenía un problema o muchos en mi vida.

 Pues nope, estás en un error.
 
 Algunos de nosotros nos golpeamos la cabeza contra la pared tratando de hacer cambios y cumplir compromisos que nos traerán prosperidad, salud y felicidad. 

Tratamos de hacer ejercicio o comer mejor, dormir más o dejar de tener citas con patanes, o simplemente tratamos de usar hilo dental al cepillarnos los malditos dientes.

 Pero intentamos y fallamos, una y otra vez.

 No es que estemos rotos, y no es que seamos incapaces de cuidarnos. Más bien sufrimos de AUTO SABOTAJE. Aparentemente crónico. No importa cuánto bienestar queramos para nosotros mismos, parece que hacemos exactamente lo contrario.

 Para algunos de nosotros que sufrimos en algún momento de nuestra vida, autodestrucción crónica, y este soy yo, nuestra inclinación a hacer todo lo que decimos que no queremos hacer es más fuerte que nosotros, acarreamos hábitos destructivos mucho muy profundos.

 Si esto te suena familiar, tu y yo deberíamos ser amigos…

 En mi campamento, te voy a revelar cómo puedes eliminar de tu vida el auto sabotaje de una vez por todas y para siempre... Espero puedas acompañarme algún día y conocernos ahí. 

 Tus finanzas, tu salud, tus relaciones y tu autoestima te lo van a agradecer.

 Bienvenida al campamento de la vida.

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Acerca de mi: 
Alejandro Pacheco

Alejandro es un autor y entusiasta de la vida. Ha escrito libros propios y para políticos, coaches y líderes de varias industrias.Su libro más reciente "La Vida Pasa Rápido" se acerca a las 5,000 copias vendidas.    
Sabe que es raro escribir esta micro biografía en tercera persona, pero reconoce que se escucha un poco más épico. 
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